¿Es posible cambiarse un nombre si este causa vergüenza o es objeto de constantes burlas? La respuesta legal es un rotundo sí. Aunque en el Perú rige el principio de que los nombres son inmutables, el derecho fundamental a la dignidad humana y a la identidad abre las puertas a excepciones cuando median motivos justificados.
A través de un litigio judicial real en el año 2021 (Exp. N° 4786-2021), se logró la supresión del segundo prenombre de una ciudadana llamada Oriana Primitiva. El término «Primitiva» la exponía desde su niñez al bullying, la humillación y la angustia, al ser asociado socialmente con lo incivilizado o prehistórico. El proceso demostró que su segundo nombre no la identificaba, sino que la agredía psicológicamente en su entorno social y laboral.
Amparándose en el artículo 29 del Código Civil y en jurisprudencia clave del Tribunal Constitucional, la justicia declaró fundada la demanda. Al acreditarse el daño emocional mediante pruebas psicológicas y constancias de conducta intachable (antecedentes limpios, reportes financieros), se ordenó al Reniec la extirpación definitiva del apelativo denigrante.
El caso anterior es solo la punta del iceberg. En el Perú es común que el Reniec reporte listas de nombres extravagantes o ridículos inspirados en festividades («Semana Santa») o series de televisión («Dragón Ball») impuestos por el capricho de los padres.
Un retroceso normativo: Hasta el año 1998, el Decreto Supremo N° 015-98-PCM prohibía expresamente registrar nombres extravagantes, ridículos o contrarios a la dignidad. Lamentablemente, esta restricción fue derogada.
Derecho Comparado: A diferencia del Perú, legislaciones de otros países o tribunales internacionales (como el Tribunal de Génova) prohíben estrictamente la imposición de nombres ridículos, calificándolos como un ejercicio ilegítimo de la patria potestad que dificulta la inserción social del menor.
Reflexión final: El nombre no es una propiedad de los padres para el juego o la extravagancia; es el sello de identidad y dignidad de un ser humano. Mientras el Congreso no restituya filtros registrales severos, miles de niños peruanos seguirán desprotegidos frente al bullying escolar motivado por su propio documento de identidad